16 septiembre 2018

El artífice

«Su batalla será ardua y duradera, porque ambas existencias querrán sobrevivir. Sin embargo, nunca olviden que coexisten en simbiosis».


Al inspeccionar el orfanato por segunda vez, el sol se escondía sobre el horizonte. Notó que las puertas estaban desvencijadas. Los rastros de sangre fresca y pedacería corporal indicaban la presencia de máquinas vampíricas.
Ely maldijo entre dientes. Entró, topándose con los innumerables gritos de auxilio. Una horda de Mirai los atacaba antes del anochecer. Mientras hacía retroceder a las máquinas parásitas, les ordenó a los sobrevivientes dispersarse, evitando ser detectados por los rayos infrarrojos de aquellos artilugios corpóreos.
Los Mirai, al principio habían sido prototipos programados por el hombre. Creados con el fin de sanar partes del cuerpo dañadas por una lesión o enfermedad. No en vano, al seguir experimentando con humanos, se descubrió que a partir de sus células madre pluripotentes, se podían reprogramar a células neuronales.
Al combinarlas con nanopartículas cristalinas, regeneraban por instinto el sistema nervioso. Incluso, al administrar suero sanguíneo, se facilitaba su diferenciación e inducía la formación autónoma de tejidos y órganos.
En este punto, dicho avance permitió recrear en su totalidad una extremidad semi-humanoide. Según el científico progenitor, esto prometía romper las fronteras científicas. Pero pronto sus avances evolucionaron escapando de su control.
Perseguido y exiliado por sus controversiales trabajos, el científico había demostrado una estrategia alternativa para prolongar la vida; una que derrumbaría la existencia de la especie humana como se conocía.

***

Pasó el tiempo, las criaturas robóticas desarrollaron sus propias redes sinápticas, tomaron conciencia y se multiplicaron. Lograron sobrevivir como parásitos humanos, atacando en conjunto, replicándose y reparándose en tiempo récord.
Ante la desastrosa guerra entre máquinas vampíricas, sumada a la desaparición del científico padre; justo al borde de la extinción, lo que quedaba de la humanidad estaba dispuesta a combatir contra las nanomáquinas. Y entre las sombras, científicos y militares crearon sus mejores armas humanoides, denominadas: «Homo tecnus».
Los inventores, se aseguraron de inyectar nano-bombas dentro de las aleaciones de sus armazones. En caso de revelarse contra sus amos, sería fácil deshacerse de aquellos humanoides híbridos. Sin embargo, muy tarde percibimos la colosal diferencia entre la evolución de las máquinas, la cual, avanzaba a años luz comparada con la humana.
Los Mirai actuaban en conjuntos, casi nunca se aventuraban a ir por su cuenta. Poseían un único ojo mecánico, con la habilidad de detectar a sus presas mediante el calor corporal. Cual parásitos, contaban con una boca extractora con la que se pegaban a la piel humana y la desangraban para apoderarse de los cuerpos.
Además, habían desarrollado conductas parecidas a la de los enjambres de abejas, siempre protegiendo y siguiendo a su reina. Las últimas progenies habían sintetizado la tráquea, laringe, lengua y cuerdas vocales, logrando comunicarse con nosotros. Respondían ante el nombre de Claudel, la reina antecesora de todos los Mirai.

***

Fen había recuperado algunos trozos de los chiquillos que habían tratado de huir. Cargaba algunos de los brazos, manos, cabezas y torsos. Los colocó apilados cerca de un gran ventanal, lleno de coloridos vitrales.
Ely los miró de reojo. La luz incidente sobre el vitral se refractaba en tonos verdes, azules y naranjas sobre los descuartizados miembros. Se dedicó a exterminar a balazos a los ladrones de cuerpos, frustrando su intento por drenar su preciado elíxir.
   ¿Cómo te fue? —le preguntó a su compañero.
No tan bien como a ti, supongo… —miró hacia uno de los Mirai que planeaba llevarse volando una mano infante, y escalando sobre el muro, dio una patada al aire, aplastándolo contra la pared.
Los demás parásitos de inmediato se dispersaron con lo obtenido para alimentar a su reina.
— ¡No los dejaré escapar! —exclamó su compañero.
Ely temblaba por el esfuerzo. A diferencia de Fen, su cuerpo no estaba diseñado para tales encuentros. Tan lejos como le permitían sus ojos robotizados y su cerebro semi-modificado, vigilaba la posible presencia de otros Mirai. Se situó sobre las escaleras, realizó el conteo mental de los niños.
El lugar se había convertido en un pueblo fantasma, los pocos sobrevivientes se habían marchado, dejando como carnada a los huérfanos.
Las máquinas, perseguidas por Fen se arremolinaban rodeando el edificio. Una y otra vez, lo sobrevolaban, mas no se alejaban por completo. Su comportamiento era extraño. «A menos de que…», pensó Fen.
— ¡Están esperando a su reina! —exclamó Ely—. «Ahora todo tiene sentido» se dijo, al recordar cómo se habían roto por dentro, las puertas del orfanato.
Pero antes de poder hacer algo, todos escucharon un terrible rugido proveniente de la presa; ésta comenzó a desbordarse.

***

Los Mirai planeaban inundar el recinto. Aprovecharían la confusión para apropiarse de los jóvenes cuerpos ahogados, siendo más fácil recuperarlos flotando que pelear por ellos. Se abastecerían con ellos entre tanto encontraran otro pueblo habitado.
— ¡Al tejado! —vociferó Ely. Cargó a los más pequeños, guio a los mayores y ayudó a los menores a subir.
Sin perder tiempo, Fen derrumbó parte de las edificaciones continuas. Logró hacer una barrera, desviando parte de la corriente a su paso.
El agua, al chocar contra los edificios dejaba filtrar pequeñas cantidades por las estructuras mal solapadas. El campanario se desgajó de la estructura principal, el sonido de la campana se ahogó entre la corriente. Otra vieja edificación cedió, estrellándose contra el orfanato. Éste se tambaleó y el piso inferior comenzó a inundarse.
Algunos de los huérfanos tiritaban llorosos, otros se consolaban entre ellos y unos cuantos se tomaban de las manos, esperando sobrevivir una noche más.
— ¡Feen! ¡Feeen! —exclamaba Ely, asomada al vacío, lo vio ser empujado por la corriente. Luchando por estar fuera del agua, consiguió sujetarse del resquicio de una de las ventanas.
De súbito, el más callado de los infantes se abalanzó sobre Ely, apretándole el cuello con todas sus fuerzas. «Si te ofrecemos a ellos —le dijo— de seguro nos dejarán en paz».
Para cuando Fen trepó hasta el tejado; sin pensarlo dos veces, desenfundó el arma. Ambos estaban autorizados para acabar con cualquiera que pusiera en riesgo la misión.
En cualquier momento, los parásitos corpóreos restantes los atacarían de nuevo. Apuntó hacia el chico sin remordimiento alguno. Si bien su compañera comenzaba a ponerse morada, él decidió esperarla. Porque tramara lo que tramara, hasta ahora le había funcionado.
Frente al alboroto, una chiquilla de largo cabello castaño y liso se aproximó hacia Fen, mientras él trataba de deshacerse del grupo de máquinas voladoras que regresaba.
—¡Tengo miedo! —chilló, abrazándole las rodillas, inmovilizándolo.
Al inclinarse para asegurarle que no dejarían que les sucediera nada, Ely percibió con su zoom mecánico, cómo una rara sonrisa fugaz se le escapaba a la niña. Ese intento, el de conciliar las emociones humanas en un cuerpo ajeno fue lo que delató su parecido con la forma menos desarrollada de los Mirai.

***

Con un rápido movimiento, se quitó al chico de encima. Lo tiró lejos del resto, evitando maltratarlo mucho. Y tosiendo, lanzó un disparo de advertencia hacia su oponente.
La «niña», sin quitar esa extraña sonrisa del rostro, empujó a Fen hacia el filo del tejado. Cual novato, lo había agarrado con la guardia baja. Se sostenía con una sola mano y con la otra disparaba a los Mirai más próximos.
—La reina de la colmena —dedujo Ely, recobrando el aire.
— ¿Cómo?, ¿te diste cuenta? —preguntó—. Por lo general, oculto bastante bien mi presencia.
—Con estos ojos, idénticos a los tuyos, ¡no me engañarás! —dijo. Ely había recordado, que la verdadera cabeza de la chiquilla se encontraba bajo los coloridos vitrales del gran ventanal.
Por segunda vez, Fen se sostenía del borde del tejado. No podía ejercer demasiada fuerza por temor a deshacer el edificio, cuya estructura apenas los mantenía fuera del agua. Meciéndose y esquivando los ataques aéreos, con la ayuda de dos niños consiguió subir.
Las técnicas de mimetismo de este Mirai eran mucho más avanzadas, pero no era al que esperaban encontrar. La cabeza de la sonriente niña se desenchufó del cuerpecillo. Ely vio azorada su verdadera forma. El Mirai había preferido enfocarse en formar sólo la parte del cuello y la cabeza. Se desplazaba mediante unos apéndices motrices, situados debajo del cuello.
Economizaba costos. Mejoraba su afilada red de nano-polímeros que parecían cabellos, pero en realidad eran un conjunto de redes neuronales reconfiguradas. Esta red se internalizaba, al momento de posarse sobre el lugar en donde había estado la cabeza de alguna víctima; reconectándose al sistema nervioso, tomaba el control del cuerpo en cuestión y así extraía sus nutrientes hasta agotarlos.
A la par, los nano-polímeros del cabello eran livianos y al desplegarlos, fungían como alas. En un abrir y cerrar de ojos, ya lo tenía frente a frente. De su gran boca azulada, emergieron un sinfín de colmillos. Los cuales, rasgaron la piel del cuello de Ely. Por suerte, no brotó sangre porque los biopolímeros se volvieron a reconstruir casi de inmediato.
— ¿Claudel? —susurró el Mirai, deteniendo su ataque en seco.
— ¡No me compares contigo! —respondió Ely, frunciendo el entrecejo. Al destruir aquella máquina sonriente, sus seguidores dejaron de atacar el orfanato y apelotonados se marcharon.
Para cuando Fen la alcanzó, todo había terminado. El Mirai yacía atravesado por su gran ojo mecánico, y ahora la niña, podía ser sepultada.
—Debemos de seguir buscando —dijo Ely, sobándose el cuello.
—¿Por qué nunca me llamas cuando estás en aprietos? —farfulló Fen.
—Tú también tenías problemas —le aseguró Ely, examinando con discreción el entorno—. Además, comparada con la pelea pasada…, —comenzó a decir, pero luego cambió abruptamente de tema—. «Observamos que esta estirpe puede imitar los rasgos faciales con asombroso detalle», informó al dron que sobrevolaba el recinto.
Los dos permanecieron inmóviles en lo que el dron les hacía su correspondiente escaneo. Luego, les mostró en pantalla el próximo punto de reunión y se alejó, perdiéndose en la oscuridad del desierto.
Pasaron dos amaneceres hasta que el agua descendió y dejó los edificios cubiertos de lodazal. La noticia de los exterminadores de Mirai, corrió por el desierto. No tardaron en volver a habitar aquel pueblo.
Al ponerse en marcha, miró de reojo a su compañero en lo que reflexionaba.
—¡Nos estamos acercando al nido principal! —le espetó Fen—. Haré el reconocimiento de la zona. Su compañera asintió, se dispuso a seguir con el protocolo establecido para la misión.

***

Fen nació con poliomielitis. Al no poder costearse los gastos médicos, y viendo la vida de miseria que le esperaría a su hijo conforme más grande y enfermo estuviera, su madre tomó una drástica y desesperada decisión.
Con su hijo de cinco años en brazos, se encaminó hacia un pozo abandonado. Por lo que vio, con las próximas lluvias, no tardaría en volverse a llenar. Lo dejó caer y se marchó del lugar. La madre nunca supo que, gracias a el moho que crecía en la parte más profunda, éste amortiguó la caída de Fen.
Al ser incapaz de moverse debido a las fracturas. Lloró hasta que la lluvia fue llenando el pozo. El chiquillo débil, mojado, frío y enfermo gritó, gritó y gritó. No quería morir.
Tragando agua y escupiéndola, trataba de aferrarse a las paredes resbalosas de aquel sitio. Luchó durante largo tiempo, las fuerzas se le iban. Cuando ya no pudo seguir a flote, desesperanzado, lanzó su último grito de auxilio. En eso, una niña de ojos extraños se asomó al pozo, observándolo con incredulidad.
Utilizó la cuerda de un columpio olvidado. Le aventó el extremo opuesto, le dio la vuelta al pozo de piedra, cruzó la cuerda y retrocedió con esfuerzo, tensándola. Al alcanzar la orilla, Fen se dejó caer en la hierba húmeda y lodosa; estaba a salvo.
 Ely lo llevó con el artífice, quien refugiado en las grutas más profundas, siguió construyendo, modificando y estudiando a sus controversiales trabajos. Por ser ciega de nacimiento, sus familiares la habían vendido; él la acogió y empleó en sus experimentos, dándole esos peculiares ojos.
Hizo algo parecido con el niño. Con el fin de hacer circular el oxígeno sanguíneo para dejar pasar a los nanoracimos hipocristalinos, provenientes de varios Mirai desechados; fue soldando, con calma y sin descanso, cada uno de los circuitos, haciéndolos coincidir con las terminaciones nerviosas necesarias.
Al combinar los tejidos humanos con las peculiaridades de máquinas vampíricas, el artífice tuvo la oportunidad de rediseñar sus cuerpos inservibles y desahuciados.
El tiempo transcurrió. Adaptándose a sus nuevas cualidades, les dijo: «Su batalla será ardua y duradera, porque ambas existencias querrán sobrevivir. Sin embargo, nunca olviden que coexisten en simbiosis».

***

En el siguiente poblado, las viviendas yacían tragadas por la arena. La extraña quietud presagiaba la muerte. Fen había encontrado la ruta más directa hacia las catacumbas; el lugar perfecto donde proliferaban las máquinas parásitas, quienes se guarecían hasta la puesta del sol.
El Mirai de mayor jerarquía, percibió una perturbación desde que ambos comenzaron a internalizarse bajo tierra. Quizás el sentimiento de hostilidad le previno. Venían a acabarlos, no cabía duda alguna. Con su sistema de ecolocalización, puso en alerta a todos sus hijos y detectaron las dos amenazas. En cuestión de microsegundos, se organizaron y salieron por todos lados, en un vuelo sincronizado como una enorme bandada.
Trataron de llamar su atención, estampándose contra ellos, atacándolos sin previo aviso, mas no lo lograron del todo. En lo que Fen se abría paso, Ely sentía la presencia del más poderoso Mirai del nidal.
Éste nunca abandonó las catacumbas, pretendió distraerlos los suficiente para formarse un caparazón, el cual se fusionó con las paredes, obligándose a hibernar hasta que mejoraran sus circunstancias. Mientras tanto, la turba enfurecida dirigía el segundo ataque.
—¡Te lo dejo en tus manos! —le dijo Fen. Dándole la espalda, saltó al encuentro de la turba, impidiéndoles avanzar, replegándolos.
Ella de inmediato intentó romperlo, desprenderlo, quemarlo e inclusive le disparó, pero no había nada que pareciera funcionar. El Mirai desde el interior de su coraza, le preguntó: «¿Por qué me atacas si soy tu semejante?»
—¡Maldita seas! —se quejó con amargura. El eco incansable de aquella verdad, rebotaba en su interior.

***

En medio de la batalla, Ely intentó deshacerse de su compañero. Luchaba contra su instinto y contra lo que pensaba. Luego de perder a momentos la lucha interna, le apuntó y disparó. Fen escuchó el ligero «clic» del gatillo y apenas esquivó la bala, se puso en guardia pensando en que los habían emboscado humanos anti-Homo tecnus; pero no, no eran ellos…
Reuniendo la fuerza de voluntad que se le esfumaba, luchaba contra sí misma, y pese a todos sus esfuerzos… se atravesó de un tiro la pierna para entrar en razón, evitando atacar de nuevo a su compañero.
 —¡Acaba conmigo! —le exigió, dándose cuenta de que los circuitos sintéticos de su cerebro ya estaban corrompidos—. Este cuerpo ha llegado a su límite, lo entiendes ¿verdad? —jadeaba.
— ¡No puedo! —respondió Fen, quien intentaba una y otra vez disparar. Pero fallaba a propósito el blanco, puesto que Claudel controlaba la mayor parte de sus células primigenias y éstas le impedían hacerlo.
Entonces, la Ely sonriente le disparó a quemarropa en la cabeza. Esta vez sin errar, porque errar era de humanos. El cuerpo de su compañero se desplomó. Claudel aprovechó la situación, se desconectó del cuerpo herido de la chica. Antes de que sus sinapsis murieran por completo, cercenó la cabeza de Fen e ingresó en el cuerpo automatizado.
Segregó las nano-bombas de su esqueleto metálico mediante una masa pegajosa y, rellenándose los huecos con nano-polímeros, adquirió una estructura más liviana y fuerte. Tomó pleno control del mejor cuerpo bioingenierado, alguna vez creado.

       El dron le mostraba al artífice lo ocurrido. Éste contempló a su creación, por fin terminada. Después de todo, la más asombrosa artesanía había tomado solo lo mejor de los humanos y de los Mirai; creando un nuevo ser, superando sus expectativas.




FIN



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