04 noviembre 2018

Cinco minutos


«Al final del día, son cinco minutos los que me retienen aquí».
Al sonar la alarma, desearía no haberme desvelado la noche anterior. Abro la llave del agua caliente y me baño de mala gana. Luego, me doy cuenta; llevo bastante tiempo mirando un zapato. Por haber terminado todo mi desayuno, he perdido el transporte; de nuevo llegaré tarde al colegio.

He estado esperando afuera a que termine la primera clase. Otro retardo y me amonestarán. Acabo de llegar y ya quiero irme. Las clases se suceden unas con otras; las horas transcurren lentamente, como si no tuvieran prisa. Al final del día, son cinco minutos los que me retienen aquí. Me concentro en las manecillas del reloj, situado justo arriba del pizarrón. Hago girar las manecillas con la mente, ¡funciona!, ya faltan cuatro minutos.

Cuando el timbre suena, yo ya estoy lejos de la escuela. Me encamino sobre el piso mojado; he olvidado el paraguas en casa. De cualquier forma, llegaría pronto a la cafetería, ubicada justo del otro lado de la calle. Si tan sólo hubiera tomado unos segundos para fijarme al momento de cruzar… Ahora, no estuviera rogando por vivir, aunque sea cinco minutos más.


FIN

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